Nada valen
Voy a pedir a mis manos
que se conviertan en seda
para acariciar tu rostro
y desvanecer tristezas.
Voy a pedir a mis ojos
que se conviertan en perlas
y así besar tus pupilas
joyas de entraña belleza
Voy a pedirle a mi boca
que evite nombrarte penas
y que en la tuya dibuje
solo sonrisas inmensas.
Voy a pedirle a mi alma
que en esa noche serena,
cuando del pecho se evade
y al cosmos del sol navega,
tu ampares mi vana tristeza.
Las estrellas y las perlas,
y las brillantes diademas,
y el manojo de sonrisas
que con tersura de seda
palpitan en clara esencia,
temerosa que un ruego
se diluyan en mi firmeza.
Voy dejar que se marchen
sin amarras, sin cadenas.
Es que al amor no se ruega,
es generoso, espontáneo,
es ferviente y es entrega.
Si de tus ojos cegados
la respuesta nunca llega…
de que valen tantos ruegos
arrasados por la marea
en una playa sin huellas.
María del Carmen Menéndez García
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